Histeria festivalera puesta de moda este último año que ha pasado: el Quilmes Rock, Cosquin Rock, Chivilcoy Rock, Trenkelauken Rock y las mismas bandas en todos los lugares, con la Bersuit y Cabezones y Carajo y Babasonicos y León Gieco y Las Pelotas y me tienen los huevos inflados con tanta parafernalia calcada una y otra vez (yo fui al Quilmes a ver al Pity y el resto me sobó el nabo) y esas giladas de "unión de públicos de diferentes bandas", que de tan obvio ni tendría que ser una reivindicación explícita (y que si lo es, de hecho, es porque son todos unos cabeza de termo que no entienden nada) y que de tan repetido ya es hasta criticable y moralista.
Bueno, digo, esta histeria festivalera neurótica llegó a Villa Gesell (y claro... la capital del rock hippie "so-nacional" costero) y después de la tragedia en República Cromagnon (infame Chabán especulando con "prender el ventilador") el Gesell Rock se ha convertido en el espectáculo de rock más
seguro y lleno de yuta en la historia.
Un año antes, yo y mis amigos de vacaciones, viendo a la misma banda en el mismo autocine gadorcha y casi nos electrocutamos todos porque se electrificó la valla. Y todos salieron despedidos hacia atrás, y algunos vomitaron y otros se desmayaron (y obvio que nadie los atendió salvo el mismo público, que los sacó para los costados). Y 10 segundos más y nos quedabamos los 15 mil tipos ahi pegados, entre la transpiración y esa cala de que los seres humanos somos buenos conductores de la electricidad, ¿no?.
Y después de los 191 chabones y minas muertos se avivan de poner los cables bajo tierra. Y de llenar un recital de rock de ratis y helicopteros y perros y mucha policía, poca diversión.